marzo 25, 2008

Elogio de la pelea- Humor

El control emocional no es un mandato religioso, es una herramienta similar al freno de un auto: se usa cuando nos parece necesario y con un propósito. En otras palabras, la autorregulación no significa estar controlados en TODAS las circunstancias, sino cuando se justifique según nuestro criterio, (y el criterio descansa en la autoconciencia).

Texto de Carolina Aguirre (la peleadora):
Odio a casi todos los taxistas, salvo a los que tienen el auto perfumado y no me hablan en todo el viaje. Tengo problemas con la mayonesa, con la gente que me llama mucho, con los desconocidos que me tocan el timbre, con la gente que me invita a su cumpleaños, con las vendedoras, con los operadores de telefonía celular, con la usurera que es dueña de mi departamento, con la gente que condimenta la ensalada en desorden (1. Sal, 2. Aceto/Vinagre, 3. Aceite) y con la gente que me habla en el supermercado.
Me molesta casi todo; tengo un carácter de mierda y no puedo remediarlo. Soy como una vieja mañosa que se pelea con todo el mundo las veinticuatro horas del día.
Sin embargo, ser peleador no es sólo un vicio de carácter. Pelear es también una forma de generosidad, de amor al prójimo. Si no fuese por aquellos que se pelean con todo el mundo, todavía habría esclavos, no existirían los derechos constitucionales y los taxistas nos seguirían cobrando ida y vuelta cuando cruzan la General Paz.
Tengo un spammer llamado Alfredo, por ejemplo, que me envía una gacetilla horrorosa que se llama “Música y vino”. Yo jamás se la pedí ni me suscribí a ese disparate. De hecho, no conozco a nadie que quiera leerla o que haya pedido que se la envíen. A nadie. Todos la odian de igual manera.
Sin embargo, cada vez que la molesta gacetilla vuelve a llegar, en vez de armar un escándalo, todos cumplimos con el mismo ritual: la borramos con resignación esclava, o ponemos un filtro de spam en la casilla de email. Nadie se queja por semejante invasión y falta de respeto. Sólo de vez en cuando alguien escribe diciendo que hay un error y que por favor dejen de enviarle actualizaciones.
En consecuencia, Alfredo piensa que su spam no molesta. De hecho, cree que la gente lo lee, que lo encuentra útil, que incluso esperan que llegue un nuevo número de esa porquería. ¡Es más! Cuando un amigo le pregunta a Alfredo si la gente no lo quiere cagar a trompadas porque les llena la casilla con spam, Alfredo asegura que no; que nadie protesta y que su boletín tiene muy buena llegada con público.
Callarse la boca o pedir que dejen de pasarnos por arriba no sirve de nada. Alfredo sigue mandando su gacetilla virtual convencido de que a nadie le molesta y de que si a alguien le molestara, eventualmente le suplicará que deje de enviarle esa inmundicia.
¿Pero qué pasaría si cien de las miles de personas que tortura con su deforme revistita lo insultaran de arriba abajo, lo denunciaran, le llenaran su casilla de basura? ¿Qué pasaría si varios de nosotros lo amenazáramos de muerte si no deja de invadir nuestra computadora con porquerías que nadie le pidió? ¿Qué pasaría si Alfredo leyera: “Dejá de mandarme tus boletines inmundos. A nadie le interesan, pedazo de imbécil”? ¿Si recibiera una carta documento? ¿Si le pegaran una paliza por idiota? ¿Saben qué pasaría? Alfredo, harto de meses de insultos, enfermo de leer advertencias sangrientas, tendría que buscarse otra forma de publicidad y dejaría de enviar spam para siempre.
Pelear es la forma más práctica de preocuparse por el otro. Lo de poner la otra mejilla es una clara manifestación de egoísmo ¿A quién ayudo dejando que me estafen, me insulten, me pasen por arriba? ¡Al estafador! ¿Qué pasa con los que no saben poner un filtro de spam o tienen conexión lenta? ¡Se joden! Y todo por culpa de protocolos idiotas y excesiva cortesía.
Las personas que se pelean salvan a los futuros clientes de un servicio, a los vecinos que llegan al barrio después de uno, a los compradores que van a pisar el palito al día siguiente. Cada vez que alguien se calla, colabora con los taxistas que nunca tienen cambio ni saben las calles, con las mozas que nos ignoran deliberadamente, y con los vecinos que ponen cumbia a todo volumen los domingos.
Me niego a aceptar que cualquiera va a hacer lo que se le ocurra con mi vida. Así como hay gente que dona sus horas en un hospital, o se va al África a vacunar niñitos, pelearme es mi aporte a la humanidad. Quienes tengan suerte serán reconocidos como la mejor enfermera, el gran médico, el primer hombre que pisó la Luna, el mejor presidente. Yo sólo aspiro a una cosa. Yo quiero ser recordada como la más peleadora.
del blog:
http://www.criticadigital.com/lapeleadora/2008/03/02/por-que-pelear/

3 comentarios:

Mario dijo...

Hola Carolina,

¿Qué decir de tu punto de vista? Aparentemente, podría calificarse de "extremista" pero... tratando de verlo en un contexto más general, real y crítico de la situación actual y de la problemática que enfrentamos en nuestra vida diaria... ¡Tiene bastante sentido!

Creo que el aspecto clave es uno y creo que fácil de identificar: ¿Porqué tengo que soportar que otros intenten abusar de mi persona? Percibo una diferencia en este razonamiento tuyo que es lo que me ha agradado:

Yo interpreto que es bueno reclamar una conducta inapropiada siempre y cuando esta vaya en contra de nuestra persona y origine un daño directo, de otra manera, mejor tomar otras medidas de control de la situación como el crear un filtro para el correo spam.

Gracias. Tu punto de vista tiene sentido.

Saludos de México.

- Mario

Alesi dijo...

Mmmm eso es de Bestiaria

Paula dijo...

Hola Alesi: el texto es de CArolina Aguirre (la misma chica que escribe Bestiaria pero este es un blog que sale en el diario Crítica y se llama La peladora. Abajo del extracto pusimos el link al blog.