abril 11, 2017

10 claves para entender el fenómeno del coaching

Nota publicada en http://www.infobae.com


Los coaches invaden empresas, la televisión y la educación, entre otros ámbitos. Infobae dialogó con una especialista para determinar de qué se trata la profesión, cuáles son sus características y quiénes pueden realizarla
Las personas que están en procesos de transición, o momentos bisagra tanto en su vida personal como laboral se benefician muchísimo con el acompañamiento de un coach 

La palabra "coach" apareció de un día para otro y se instaló. Sus usos son múltiples, se puso de moda en la tele, en las empresas, en los grupos de baile y, pareciera, que cualquiera puede "coachear".
Infobae dialogó con Laura Szmuch, entrenadora en Programación Neurolingüistica (PNL) y coach ontológica del modelo transformacional, para comprender de qué se trata la profesión, cuáles son sus características y quiénes pueden realizarla.
1. ¿Qué es y qué hace un Coach?
Utilizamos la palabra coach para referirnos a una persona que, con una preparación que lo habilita, acompaña a otro a conseguir el logro de sus objetivos. En televisión hemos visto a los famosos coaches de baile, por ejemplo. En este caso nos estamos refiriendo a otro tipo de profesional, que después de haber pasado por una formación, dispone de distinciones, metodología y herramientas para apoyar y motivar a una persona que lo consulta.
La espacialista, que además posee un Magister en Psicología cognitiva y aprendizaje, sostuvo que hay diferentes tipos de coaching en relación al tipo de formación que tiene el profesional: algunas se basan en el coaching ontológico, otras en el coaching con PNL (Programación Neurolingüística), por ejemplo. Y también hay diferentes formas de hacer coaching, dependiendo de a qué se dedique el coach: existe el coaching organizacional, el laboral, el educativo, y el coaching de vida, entre otros.
2. ¿Qué no es el coaching?
El coaching no es terapia. Cuando el coach detecta que la persona que lo consulta necesita pasar por un proceso terapéutico es esencial sugerirle que busque otro tipo de profesional. El coach no está capacitado para trabajar con psicopatologías. Una actitud responsable es pedirle a la persona que consulte con alguien que pueda ayudarlo y sostenerlo cuando se requiera.


Coaching no es lo mismo que consultoría. Un consultor es un experto en determinado tema que asesora a quien lo consulta. El coaching no apunta al estrellato del coach. El protagonista es siempre la persona que consulta, nunca el profesional. El coach es quien sostiene y acompaña a otro, no es el foco de atención. Coaching no es capacitación, aunque un coach puede ser capacitador.

3. ¿Por qué se contrata a un Coach, qué beneficios aporta?
En el caso del coaching de vida, una persona consulta a un coach cuando quiere un cambio en algún ámbito de su vida y no sabe cómo hacerlo. Ya sea porque ha perdido sus sueños de vista, o porque no se da cuenta de qué pasos dar para lograr lo que desea, un coach puede ayudar a esa persona a salir del espacio mental en donde se quedó encerrado y a ver la abundancia de posibilidades que no ha podido percibir todavía.
En el caso del coaching en el ámbito laboral, muchas veces las empresas contratan a coaches para que acompañen a sus colaboradores en transiciones, cambios de puesto, estilo de liderazgo, manejo del estrés, y muchos otros temas.

4. ¿Quiénes contratan un Coach y por qué?
Las personas que están en procesos de transición, o momentos bisagra tanto en su vida personal como laboral se benefician muchísimo con el acompañamiento de un coach. Un coach ayuda a cuestionar creencias limitantes, a cambiar la forma en que se están interpretando las situaciones, a encontrar recursos internos, a tener el coraje de iniciar nuevas acciones.
La relación de coaching es una relación fuerte y poderosa que se enfoca en el saber, tener, hacer y ser lo que el coachee desea. Un coach provee una estructura simple y a la vez efectiva para asistirlo para avanzar en áreas significativas de su vida: carrera, salud, romance, crecimiento personal, educación, espiritualidad, diversión y recreación, ambiente físico, amigos, familia, negocios entre otras.


5. ¿Como sé que necesito un coach? ¿Para qué voy a ir?
La primera señal para decidir un empezar un proceso de coaching o solicitar una conversación o sesión de coaching es no poder resolver algo solo. A veces una charla con un amigo es suficiente, sin embargo, un amigo carece de las distinciones y de la habilidad de hacer preguntas que ayudan a pensar y a tomar decisiones por uno mismo. Un coach puede mostrar otra forma de ver e interpretar una situación, sin embargo, rara vez va a opinar, aconsejar o decir qué hacer. Un coach orienta el pensamiento con preguntas desafiantes, y siempre cuida y respeta al coachee. El coach ayuda a percibir lo que el coachee no pudo solo, y lo acompaña en el diseño de un plan de acción para llegar hasta donde desee llegar.

6. ¿Cómo son las sesiones? ¿Cuánto dura el proceso? ¿Qué herramientas utiliza el Coach?
Esto depende de lo que la persona necesite, o del estilo de cada coach. Generalmente un proceso de coaching no dura mucho tiempo. Muchas veces una sola conversación es suficiente para que la persona se dé cuenta de lo que necesitaba modificar para lograr lo que deseaba. El coach dispone de muchas herramientas, y estas varían de acuerdo al tipo de formación que tenga el coach. Sin embargo, lo que la mayoría tienen en común es el uso de preguntas.

7. ¿Para qué hace tantas preguntas?
Las preguntas bien hechas y planteadas son grandes disparadores de procesos de pensamiento. Cuestionan las limitaciones autoimpuestas y reorientan a una persona a encontrar otras formas de percibir y, por ende, de actuar.

8. ¿El coaching crea dependencia? ¿Es una moda?
Bien hecho, el coaching nunca debería crear dependencia, ya que apunta a la autonomía del coachee. El coach busca empoderar, a que las personas puedan utilizar sus recursos internos y a ser responsables por sus decisiones y resultados. El coaching tiene resultados muy positivos, y si es o fue una moda, ya está para quedarse porque probó ser muy efectivo.


9. ¿Qué características o estudios debe tener un buen coach? ¿Cualquier persona puede serlo?
Antes que nada, el coach debe estudiar para serlo. Debe tener una certificación que avale su capacitación. Cualquier persona con buena onda no se puede poner a "trabajar de coach", porque le falta la preparación cuidadosa y necesaria para poder orientar a otra persona con respeto y profesionalidad. Un curso de coaching no es lo mismo que una formación en coaching. El curso generalmente está orientado a la adquisición de herramientas para el logro de los propios objetivos, pero no habilita a practicar el coaching profesionalmente.
Un buen coach es una persona enfocada en ayudar a otros a liberar tu potencial y acompaña en el camino del máximo rendimiento. Apoya en el logro de objetivos, cuestionando limitaciones, preguntando, haciendo pensar. Motiva a descubrir los valores del coachee y lo estimula a honrarlos a través de acciones concretas. Un coach escucha, y alienta a soñar y a hacer realidad los sueños. El coach desafía y empuja amorosamente para que las personas den lo mejor de sí mismas. El coach mueve a las personas a ser consciente de lo que perciben como posibilidades, y lo que perciben como limitaciones, mostrando que siempre hay otra manera de ver las cosas.
10. ¿En el coaching existe el secreto profesional?
Absolutamente. Todo lo que se habla con un coach es estrictamente confidencial.

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marzo 08, 2017

Cuando el cuerpo habla lo que la palabra calla

Todo lo que silenciamos nos enferma. Pautas para evitar somatizar.


"Esta situación me desgarra, me come las tripas, me pone muy triste, ¿sabés? Pero no puedo, no puedo digerirlo. No soporto la distancia con mis hijos, yo decidí separarme de la madre, el no tener la cotidianeidad con ellos no puedo tolerarlo. Los extraño, los extraño mucho".
El que habla es un hombre de 45 años que se quiebra y llora, llora como un niño, grandote y barbudo como es, enfrente mío, un hombre–niño llora su dolor.


Marcelo (así lo llamaré) se divorció hace menos de un año. Estoico, positivo, sensible pero duro, se resistía a hablar de su padecer. Su cuerpo, sin embargo, lo hacía por él. Trastornos del sueño, palpitaciones y, sobre todo, un cuadro intestinal agudo del que habían descartado cualquier tipo de origen orgánico. Lo que se conoce como intestino irritable, diversos malestares que por diagnóstico diferencial y por descarte, queda ubicado en el plano emocional.
Pasan varias semanas en las que continua hablando, hasta que un día de lluvia y frío trae dos chocolates (venían muy bien en un día como ese). Uno para él, el otro como agradecimiento para mí. “Mi panza es un violín", dice y la sonrisa se le escapa de la cara. "Lloré tres días seguidos y dormí, descansé como hace mucho no podía. Y la panza, una maravilla, comí lo que quise y abracadabra, ni una molestia". Marcelo pudo, finalmente, empezar a digerir lo doloroso.


Todo lo que callamos, absolutamente todo lo que de alguna u otra manera silenciamos, nos enferma. Y cuando la palabra se hace presente ¡magia! O no tanto, pero el cuerpo se aquieta.
No quiere decir, de ninguna manera, que no nos duela lo mismo, pero en el lugar donde debe doler. Y podemos empezar a hacer con nuestra angustia algo productivo. Podemos procesarla, masticarla, hacerla cada vez un poco más liviana y, lentamente, sin más apuro que el tiempo lógico de la elaboración, dar vuelta la página.


El ser humano es uno, somos mente y cuerpo, soma y psiquis, carne y emociones, cuero y sueños. Y lo lindo que vivimos se entrelaza con lo doloroso. De la misma manera por la que vibramos con lo maravilloso del vivir, que nos conmovemos y sentimos cosquillas en el alma cuando nuestros deseos se cumplen, de igual forma reímos hasta llorar, o lloramos hasta, más luego, poder empezar a reír.
Desconocer la relación entre las enfermedades y el dolor psíquico es casi tan insensato como escalar una montaña descalzo y de espaldas. Se ensamblan, se entrelazan. Nos ponemos nerviosos y nos duele la panza antes de dar exámenes. Tenemos palpitaciones antes de que nuestro equipo patee el ultimo penal de la serie. Nos falta el aire antes de decir el primer “te amo”. Nos tiemblan las piernas cuando está por nacer nuestro hijo. Se anudan garganta, pecho y estómago cuando la emoción nos invade.


Si a cada una de estas manifestaciones corporales sigue el correlato del decir y la descarga saludable, el ciclo se cierra. Si podemos ponerle palabras a nuestros nervios y decir simplemente “estoy muerto de miedo”. Si gritamos el gol eufóricos luego del penal, o tristemente nos abrazamos buscando consuelo con el compañero de tablón por la pelota rifada arriba del travesaño. Si lloramos mirando la maravilla de la vida cuando finalmente nuestro pequeño ve la luz fuera del vientre. Y así en cada uno de los ejemplos que podamos pensar e imaginar.
Si ponemos la palabra por delante, si nos permitimos no taponar lo que sentimos, ahí el circuito de la carga-descarga–relajación se cumplirá. Y no enfermaremos y pasaremos por los estadíos por los que tenemos que pasar, y las emociones tendrán salida.


Si a cada estimulo de importancia, si cada suceso relevante en nuestra vida tiene como correlato la salida de la emoción que genera, tenemos grandes chances, enormes posibilidades de enfermarnos menos, mucho menos.
Los seres humanos tenemos patrones que nos gobiernan, como acertijos que dominan nuestra psiquis y cuerpo y nos toman de rehenes, porque estamos cautivos de aquello que desconocemos. Cuadros de angustia (a veces mal llamado ataques de pánico) frente a determinadas situaciones, temblores en los espacios abiertos, sudor frío frente a la presencia de la autoridad, una opresión angustiosa en el pecho ante la mirada crítica de quien queremos que nos avale, y podemos seguir la lista. Todas viñetas en donde el cuerpo se pone como coraza, habla sin saber que dice, y de eso se trata, de darle letra para que entienda. Y entonces, la angustia, los temblores, el sudor, la opresión en el pecho, no tendrán razón de ser.
Podremos desarrollar herramientas y mecanismos para evitar estos “atajos” que son síntoma de lo no procesado.

Que levante la mano la tristeza
Tenemos miedo a la tristeza, tiene mala prensa. Es mejor estar contento, claro está, quien podría negarlo. Tenemos la fantasía que si hablamos de aquello que nos entristece la tristeza será mayor. Terrible error: por el contrario, cuando habilitamos a través de la palabra la salida de la angustia solo abrimos dique para que desagote aquello que se encuentra estancado.
El aparato psíquico (y me habilito una metáfora burda pero clara) es como una cañería, y las emociones el líquido que por él debe fluir: si se atasca, es sarro y taponamos arterias, canales digestivos, respiratorios, calles y avenidas principales de nuestro cuerpo. Como decía el poeta, “nos queda la palabra”.

Las rutas principales de la somatización
Hay tres canales por excelencia en el proceso de las enfermedades psicosomáticas. Ya hablamos de una de ellas con el ejemplo de Marcelo, las que afectan el aparato digestivo.
Un médico amigo me explicaba en una ocasión que el intestino es como cuerdas, se relaja si estamos distendidos, se tensa a menudo si así nos encontramos. Un altísimo porcentaje de los trastornos digestivos son de origen emocional. Una de las patologías más frecuentes en consultorio tiene relación con esta parte compleja y sensible de nuestro cuerpo.
El órgano más extenso del ser humano, la piel, es otra de las vías por excelencia destinada a decir lo que no podemos. Muchas imágenes ilustran esto: "me brota", "me da urticaria", "me pone la piel de gallina" y cada uno de los lectores puede pensar qué de su piel se activa ante diferentes emociones.


Las vías respiratorias es el tercer vértice del triángulo. Los trastornos asmáticos tienen una clarísima relación con aspectos subjetivos no procesados ni resueltos.

El psiquismo, maquinaria perfecta
Tiene 37 años, vivió los últimos diez al lado del “amor de su vida” como solía repetir. Repentinamente, él decide marcharse, sin más razón que el “dejé de amarte”. Devastada, no puede llorar, perpleja, paralizada, furiosa y decepcionada. Repetía incesantemente "no puedo vivir sin vos, no soporto estar así, sin vos la vida no tiene sentido".
Lo decía por audio en su teléfono, lo escribía en un cuaderno, en sus sesiones de terapia, lo decía y no reaccionaba, ni una sola lágrima rodaba por sus mejillas. Y tal fue la fijación a la idea de que sin VOS no podía vivir, que un día amaneció, efectivamente, muda, se había quedado, como la profecía anticipaba, sin VOZ.
En lo más profundo de su cabeza, en los confines de su imaginario, el VOS se hizo carne, se hizo síntoma, se hizo silencio. El llanto no llorado la enmudeció y estuvo más de 20 días sin poder decir palabra, hasta que habló y lloró todas las lágrimas que había guardado en la negación de la partida de su hombre. Lloró y empezó a vivir una vez más.



No quiero olvidarme, en cierta franja de la vida, de las enfermedades cardiovasculares. Si de sufrir por amor se trata, podemos tener el “corazón roto”. Y el corazón a veces se rompe literalmente si sobredimensionamos la pérdida el ser amado.“Nadie muere de amor” dice el refrán y así debiera ser si damos por la ruptura lo que la ruptura vale.
Lo que no nos mata nos fortalece, pero el fortalecimiento a menudo es caro si pasamos por mecanismos de defensa en lo que nos atrincheramos, disociamos, negamos, nos empecinamos en afirmar que no, que no puede ser. Aceptar la brecha entre lo ideal y lo posible nos ayuda a crecer. Y crecemos toda la vida, si es posible, si nos permitimos, lidiar con la difícil idea de que las cosas no son, claro que no, siempre como queremos. Enojarnos, patalear, enfermarnos, nos empequeñece. Si entendemos, relativizamos y miramos hacia adelante, las nubes son cada vez más claras, y la luz cada vez más nítida.

Algunas claves para enfermar menos

Pedir ayuda
Muchas veces pensamos que estamos solos, que a nadie podemos contar nuestro sentir. En la gran mayoría de los casos esto no es así. A menudo por pudor, frecuentemente por un orgullo desmedido, soportamos estoicamente mucho más de lo prudente. Pedir ayuda sabiamente es un antídoto para el enfermar y sobretodo, para el sufrimiento estéril, ese que podemos elegir.
En la vida habremos de sufrir (es parte de ella), pero hay una porción que tiene que ver con este cuerpo parlante que dice lo que callamos, que depende, una vez más, afortunadamente de nosotros.
Es importante elegir en quien confiar: hay amigos e interlocutores válidos para cada uno de los problemas que nos atraviesen, compartir el malestar es menester.

Prevenir, escucharnos, anticipar
Cuanto más temprano podamos detectar aquello que nos lastima, obstruye, que simplemente nos duele, más pronto podremos ponerlo en caja y prevenir que pase del lado del cuerpo.
Claro está que una vez que lo patológico se ha instalado en lo orgánico, será la medicina la que tendrá que intervenir, tratando lo que en muchos casos es la sintomatología de lo no dicho que nos ha enfermado. Mientras tanto, podemos (debemos, diría yo) poner palabras a tiempo para que el malestar circule, transite, y salga quizás dolorosa, pero saludablemente.
El silencio, el callar, nos resta, nos empequeñece. Decir a tiempo, mirar para adentro, nos cuida, nos protege, nos alivia.
Así de sencillo, así de complejo. Los invito entonces a amasar palabras para construir una vida lejos de los dolores innecesarios, y más cerca de las emociones genuinas.

Nota del diario Clarin
*Alejandro Schujman es psicólogo especializado en familias. Director de Escuela para padres. Autor de Generación Ni-Ni y coautor de Padres a la obra.​



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marzo 01, 2017

INVENTARIO DE COMPETENCIAS EMOCIONALES Y SOCIALES


Autoconciencia Emocional: Reconocer las emociones y sus efectos
Autocontrol emocional: Mantener las emociones perturbadoras y los impulsos en jaque
Adaptabilidad: Flexibilidad en el manejo del cambio
Orientación hacia el Logro: Esforzarse por mejorar o cumplir con un estándar de excelencia
Perspectivas positivas: persistencia en la consecución de objetivos a pesar de los obstáculos y contratiempos
Empatía: Sentir los sentimientos y las perspectivas de los demás, y tomar un interés activo en sus preocupaciones
Conciencia Organizacional: Leer las corrientes emocionales y las relaciones de poder de un grupo
Entrenador y Mentor: Detectar las necesidades de desarrollo de otros y reforzar sus habilidades
Liderazgo Inspiracional: Inspirando y guiando a individuos y grupos
Influencia: Manejar tácticas efectivas para la persuasión
Gestión de Conflictos: Negociando y resolviendo desacuerdos
Trabajo en equipo: Trabajar con otros hacia metas compartidas. Crear sinergias de grupo en la consecución de objetivos colectivos.


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febrero 17, 2017

Los cuentos infantiles enseñan sin dar lecciones, es el niño quien extrae su significado.

Inteligencia Emocional en la Educación


La lectura es un ejercicio fundamental que va más allá del aprendizaje del lenguaje. Se trata de la posibilidad de desarrollar la empatía y de comprender nuestros sentimientos. Leer es toda una experiencia emocional.

Es una sala de simulación casi infinita, un tobogán a nuevas situaciones, sensaciones y experiencias; un lugar de aprendizaje en el que comprender las emociones, ponerse en la piel de otros, ser miles de seres. Un ejercicio mágico de empatía. Los avances en neurociencia apuntan que se trata de un buen hábito para mantener en forma las capacidades mentales y por ende nuestro cerebro. Es además un gozo.

"La lectura y la literatura son eminentemente emoción, cuando las personas leen obras literarias lo que viven son experiencias emocionales. De ahí la importancia de insistir a las familias para que estén leyendo cuentos, ya que en estos cuentos, además de pasárselo bien, siempre hay una lección de vida, una lección ética, moral, de bienestar, de convivencia, de comprensión, de solidaridad", explica Rafael Bisquerra, director del posgrado en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona.

"La lectura y la literatura son eminentemente emoción, cuando las personas leen obras literarias lo que viven son experiencias emocionales. De ahí la importancia de insistir a las familias para que estén leyendo cuentos, ya que en estos cuentos, además de pasárselo bien, siempre hay una lección de vida, una lección ética, moral, de bienestar, de convivencia, de comprensión, de solidaridad", explica Rafael Bisquerra, director del posgrado en Educación Emocional y Bienestar de la Universidad de Barcelona.

extracto

20minutos.es

enero 09, 2017

Daniel Goleman: “Los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real”

¿Sufre nuestra sociedad de analfabetismo emocional?En gran parte. La vida moderna nos hace estar más centrados en la tecnología, estar más presionados, y nos quita tiempo para estar tranquilos y reflexionar, un aspecto fundamental para potenciar la conciencia de uno mismo.
¿Perdemos mucho tiempo embobados con la tecnología?Nos quita tiempo que podríamos destinar a estar con la gente que queremos y por la que nos preocupamos, y así potenciar nuestra inteligencia social. Por este motivo, pienso que la sociedad está afectada por el analfabetismo emocional.
¿Por qué es tan importante que los niños aprendan a manejar sus emociones?Para que sean seres emocionalmente inteligentes. Los niños aprenden la inteligencia emocional en la vida real, especialmente cuando son jóvenes. Es importante que aprendan a relacionarse y a manejar las emociones negativas a través de sus padres, hermanos o amigos.
¿En qué consisten los programas de alfabetización emocional?Lo que llamamos programas de aprendizaje emocional y social en los Estados Unidos es una manera de ayudar a los niños a recibir lecciones básicas sobre inteligencia emocional. Este conocimiento les ayudará tanto en el trabajo como en la vida, e incluye la  potenciación de la autoconciencia, la autorregulación, la empatía, las habilidades sociales…
Habilidades necesarias para relacionarse…Imprescindibles, pero que no se encuentran en un plan de estudio escolar ordinario, aunque  a lo largo de la vida son cada vez más importantes para tener plenitud y éxito.
¿Cuándo se deben empezar a enseñar estas habilidades?Los mejores cursos son los que se desarrollan desde muy pequeños y hasta que los estudiantes están listos para ir a la universidad. Estos aprendizajes se basan en estrategias de involucración de los estudiantes y las familias, aunque también sirven de ayuda a los profesores para que incorporen estas habilidades.
Si los programas de alfabetización social y emocional están obteniendo tan buenos resultados, ¿por qué no se incluyen en los planes de estudios?El mundo académico ha estado siempre centrado en las capacidades intelectuales y de razonamiento, y la emoción se considera una interferencia, algo que no resulta útil para la comprensión de los contenidos académicos.
Pero son igualmente importantes.No incidir en las emociones es una percepción anticuada, ya que cuando mejor entendemos cómo funciona el cerebro, obtenemos más información que corrobora  que el estado de nuestras emociones es, en realidad,  el que determina la capacidad para razonar y aprender.
Por lo tanto, son indispensables para el aprendizaje de los estudiantes.Ahora los especialistas científicos sobre el cerebro nos dicen que tenemos que ayudar a los estudiantes a estar mejor preparados en el manejo de sus propias emociones, para conseguir mejores resultados de aprendizaje.
¿Qué importancia tiene que los jóvenes aprendan a focalizar?Es absolutamente crucial, tal y como explico en el libro Focus. La capacidad básica es prestar atención a lo que es importante e ignorar lo que es irrelevante. De esta manera podemos concentrarnos en una meta y seguir trabajando hacia ese objetivo, a pesar de los obstáculos y distracciones con las que nos encontramos.
¿Cuáles son las ventajas de aprender a focalizar para la sociedad futura?Hay un enorme desafío para la sociedad en mantener agudas nuestras habilidades de atención, incluso al sumergirnos en el mar de distracciones que suponen el entorno digital y sus dispositivos. Hace años, cuando nos adentrábamos en una buena lectura y nos perdíamos con las historias del libro era más fácil concentrarnos.
Nada conseguía distraernos ante las páginas de un buen libro…Ahora los niños tienen que enfrentarse a una distracción tras otra y creo que este es un argumento suficientemente potente para ayudarles a potenciar sus habilidades de atención como parte fundamental de la educación.
¿Cómo pueden los profesores enseñar a los niños a prestar atención?Existen muchos métodos. Uno de ellos tiene que ver con una experiencia llevada a cabo con niños de 7 años de Harlem. Procedían de barrios muy pobres y circunstancias muy dramáticas,  pero con una sesión diaria sobre “respiración”, se acostaban boca arriba con su animal de peluche favorito en el vientre, contaban 1-2-3 al ritmo de su respiración, y conseguían  fortalecer los circuitos cerebrales de la atención. Cuantos más ejercicios de este tipo realicemos, más fuerte se hace la focalización.
¿Cuál debe ser la misión actual de un profesor?La misión del profesor  consiste en ayudar a sus alumnos a convertirse en mejores estudiantes con el objetivo de  que aprendan mejor, enseñándoles las habilidades básicas de la atención, para  que puedan gestionar adecuadamente sus propias emociones destructivas y resistir las distracciones impulsivas.
Objetivos antes olvidados…Esto quiere decir que el plan de estudios social y emocional debe formar parte de la misión de educar a los estudiantes por parte de los profesores.
¿Y qué papel deben jugar los padres en el proceso de aprendizaje emocional de sus hijos?Los padres son los primeros tutores de sus hijos en cuanto a la inteligencia emocional se refiere. Los niños aprenden mucho de sus padres  y  este aprendizaje les sirve de base a lo largo de su vida. Lo mejor que los padres pueden hacen por sus hijos es ser seres emocionalmente inteligentes.
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