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noviembre 15, 2010

Cúando hacer una consulta con un psicólogo/a- Tip Autoconciencia





Podemos observar la siguiente lista para ayudarnos a tomar conciencia:

Si nos encontramos mal físicamente o si sufrimos dolores sin que haya una razón concreta fisiológica para ello.

Todas las personas de nuestro entorno cercano nos sugieren que busquemos ayuda.

Nos resulta difícil establecer relaciones cordiales con las personas.

No dormimos lo suficiente.

No comemos lo suficiente.

Siempre estamos cansados.

Perdimos interés por todas las cosas y tenemos la impresión de vacío o siempre estamos tristes.

Creemos que nadie nos entiende ni nos quiere.

Cometemos demasiados y continuos errores en la vida.

Tenemos  dependencia del alcohol, medicamentos, juego o comida aunque sea mínima.

Estamos muy nerviosos y alterados y saltamos a la mínima contrariedad.

Somos incapaces de tomar una decisión importante.

Hemos sufrido un trauma o problema grave o un cambio radical en nuestra vida.

Sufrimos miedos o fobias que nos coartan la libertad.

Hemos puesto en peligro nuestra vida o la de los demás. Y no sólo la vida sino la profesión, las finanzas, el patrimonio.

No conseguimos establecer relaciones sexuales o amorosas satisfactorias.

Vemos u oímos cosas que nadie ve, o interpretamos los acontecimientos de forma inusual o rara.

Nos altera en exceso cualquier mínimo cambio cotidiano.

La Autoconciencia es ser capaz de observarnos sin juicios, no solo a las emociones que estamos experimentando sino también a circunstancias que nos indican cuándo  necesitaríamos realizar una consulta con un psicólogo/a.
Para comenzar un tratamiento psicológico hace falta que estemos motivados para mejorar nuestra vida.  

septiembre 13, 2010

La verdad más bella no sirve de nada

"Como nos lo demuestra la historia de mil maneras, la verdad más
 bella no sirve de nada si no se ha convertido en la experiencia más
 íntima del individuo. Toda respuesta unívoca, ‘clara’, permanece
estancada en el cerebro y penetra sólo en casos muy raros hasta el
corazón. No nos urge ‘saber’ la verdad, sino ‘experimentarla’. La
necesidad imperiosa no es poseer una concepción intelectual, sino
encontrar la senda hacia la experiencia interna, no-racional y,
quizás, inarticulable en palabras.”


Carl G. Jung

julio 18, 2010

El perdón sin reparación no sirve

Si tus padres abusaron de ti cuando pequeño/a, confróntate calmadamente con ellos, en un lugar neutro que no sea su territorio, desarrollando cuatro aspectos:
'Esto es lo que me hicieron.
Esto es lo que yo sentí.
Esto es lo que por causa de aquello ahora sufro.
Y esta es la reparación que pido'.


El perdón sin reparación no sirve.


Alejandro Jodorowsky

abril 15, 2010

Atribuir a otros lo que pertenece a uno mismo: proyección



La proyección es el proceso de atribuir a otros lo que pertenece a uno mismo, de tal forma que aquello que percibimos en los demás es en realidad una proyección de algo que nos pertenece; puede ser un sentimiento, una carencia, una necesidad o un rasgo de nuestra personalidad. 


Pero, ¿es posible que exista una relación donde la proyección no ocurra? 
La respuesta es no. Mientras vivamos en un cuerpo físico en el planeta Tierra estaremos proyectando. 


Sin embargo, este mecanismo de defensa no está mal en sí mismo, ya que puede ser un eficaz medio de autoconocimiento, pues los demás funcionan como espejos de cuerpo entero que nos permite ver nuestros rasgos funcionales y disfuncionales, lo cual sería muy difícil identificar de otro modo. Por eso se dice que las personas que nos caen mal son una maravillosa fuente de información para detectar lo que no hemos solucionado dentro de nosotros mismos.


Es importante mencionar que la proyección no sólo aparece en un sentido negativo, es decir, no sólo proyectamos en los otros nuestros conflictos de personalidad, sino también nuestras áreas de luz, de manera que todo eso que te gusta de otra persona es también una proyección de los aspectos bellos y sanos de uno  mismo.

abril 20, 2009

¿Qué es un neurótico?


¿Qué es un neurótico?

Una persona neurótica es, simplemente, una persona que sufre. El concepto “neurosis” es sinónimo de “dolor emocional excesivo”, con las secuelas conductuales correspondientes. Este dolor puede manifestarse de muchas maneras -ansiedad, depresión, fobias, agresividad, hiperactividad, celos, dependencias, obsesiones, miedos, etc.-, pero, en general, todas ellas pueden remitirse a un origen común. ¿Cuál es este origen? ¿Qué es la neurosis y cómo se cura?

Desde un enfoque psicodinámico, el neurótico es casi siempre un niño. No solamente un niño, por supuesto, ya que también posee muchos aspectos adultos. Pero la intensidad de su neurosis tiende a ser proporcional a su grado, digamos, de “infantilismo”. Al neurótico se le paró el reloj, vive atrapado en el tiempo. Con independencia de cuál sea su edad cronológica, su edad emocional nunca pasa de 2, 3, 5 o, como mucho, 15 años. Este infantilismo es la causa de un choque brutal, de una gran inadaptación a la realidad, de lo que resultan su dolor y sus síntomas neuróticos. (No debemos confundir el infantilismo del neurótico con el “niño interior” que todos llevamos dentro. El niño interior es el fondo infantil que refresca y enriquece nuestra personalidad madura, mientras que el infantilismo neurótico bloquea e impide la maduración del sujeto. El neurótico es, de hecho, un niño que se niega a crecer).

Cada síntoma neurótico, por raro que sea, es un escudo. Cada escudo se entreteje con otros hasta formar una sólida coraza mediante la que el neurótico se defiende no ya de las heridas recibidas en su infancia, sino -por extensión- de la vida entera. Y, así, desde ese búnquer el neurótico se resiste a afrontar la realidad adulta. Es verdad que una parte de él quiere indudablemente curarse, dejar de sufrir, crecer, ser feliz. Pero su lado infantil, más poderoso, se siente enormemente cómodo y seguro en su perezoso nido de hábitos y defensas de “toda la vida” y, como además sus sufrimientos lo han vuelto desconfiado, sus miedos refuerzan su parálisis. Y, para colmo, teme que si efectivamente llegara a cambiar y curarse dejaría quizá de reconocerse a sí mismo, de ser “él mismo”, ¡con lo mucho que le ha costado construirse su personalidad, aunque sea tan doliente! Algunos neuróticos llegan al extremo de idealizar su neurosis, de enorgullecerse de sus sufrimientos, para no tener que desprenderse de su inmadurez. Por todo ello, en fin, el neurótico se resiste a mejorar y sabotea inconscientemente sus terapias.

¿Cuál es el terror supremo del neurótico? ¿Qué miedo fundamental oculta en su caja de Pandora este niño asustado, refugiado bajo capas y más capas de síntomas (ansiedad, tristeza, adicciones, etc.)? Su horror básico es descubrir que realmente está solo en el mundo, que sus apegos familiares están envenenados, que en cierto modo fue siempre un huérfano, que su vida entera está llena de mentiras y en última instancia es un fracaso, que nadie podrá salvarlo jamás. Siente pánico a sufrir este terrible desengaño (que intuye oscuramente), a perder para siempre su última ilusión de ser amado incondicionalmente como un niño, a admitir que ya no lo es y que resulta inútil –y patético- seguir soñándolo. Pues la más terrible y abrasadora verdad es ésta: el tren de su infancia pasó para siempre.

La neurosis nace, en efecto, de la terrible nostalgia por una infancia fallida y, en consecuencia, la búsqueda continua, inconsciente e insaciable de una segunda oportunidad. ¡Vana fantasía! Para eludir este drama, el niño aterrado inventa en su refugio toda clase de estratagemas: olvida o se aferra al pasado, deforma su memoria, idealiza a la familia, se culpabiliza, finge perdonar, duda del psicoterapeuta, se enamora del psicoterapeuta, viaja compulsivamente, se refugia en la promiscuidad, trabaja hasta el agotamiento, etc. Pero el tiempo no perdona y la añorada felicidad no llega...

¿En qué consiste la curación de la neurosis? La respuesta se desprende de lo dicho más arriba: si la neurosis es el apego a una infancia ya perdida y el consiguiente -e imposible- anhelo de revivirla en el presente, entonces curarse es despertar a la cruda verdad, descubrir la locura de semejante intento, reconocer y aprender a convivir con la certeza de que nadie podrá ser jamás nuestro padre/madre perdidos y que, por tanto, sólo nosotros podemos –y debemos– asumir el peso de nuestra soledad, de nuestra existencia, de nuestro destino. Con la ayuda y compañía de muchas personas, desde luego, pero fundamentalmente solos y autónomos. Para conseguirlo, habrá que llorar hasta la última lágrima, gritar hasta la última rabia, liberarse de los principales apegos y resistencias infantiles. Se trata de algo muy parecido a una "deshabituación". El destete final de todas las nostalgias inútiles, el definitivo re-nacimiento a la vida presente, la inauguración de la etapa adulta.

Muchas personas logran recorrer este proceso -profundo y apasionante- por sí mismas. Otros necesitan la ayuda de psicoterapias especificas. Pero siempre vale la pena.

Define: JOSÉ LUIS CANO GIL, Psicoterapeuta y Escritor