
Cuando se comienzan a registrar los sentimientos, se obliga a la mente a que actúe con más precisión. Y de la niebla deforme de nuestra infelicidad comienzan a surgir los problemas específicos. De la misma manera en que ajustamos el dial de una radio hasta que obtenemos una señal clara, así también ajustamos nuestra verdadera personalidad cuando expresamos los sentimientos con palabras.
