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agosto 01, 2013

Cómo obstaculizar una comunicación emocional y efectiva con los otros

Desarrollar Habilidades sociales

Patrones negativos de escucha:

El simulador: No se centra en la persona que habla, su mente está en otra parte a pesar de dar señales externas de que está atento: asiente con la cabeza, establece contacto visual y en ocasiones murmura “ajá”.

El interruptor: No permite que la persona que está hablando termine de hacerlo; no le hace ninguna pregunta para clarificar ni solicita ningún tipo de información adicional. Está demasiado ansioso de hablar. Muestra muy poco interés por la otra persona.

El interpretador: Esta persona intenta de manera precipitada interpretar todo lo que otra persona dice y por qué lo dice. Juzga las palabras de su interlocutor o intenta acoplarlas a su propia lógica, sin tener suficientes elementos de juicio para ello. Suelen utilizar expresiones como: « Tú lo que sientes es....»

El aprovechado: Utiliza las palabras de su interlocutor únicamente como un medio para transmitir su propio mensaje. Cuando la persona dice algo, el aprovechado se apropia del enfoque y lo modifica en la dirección de su propio punto de vista, su opinión, su historia o sus hechos. Sus expresiones favoritas son:
“Bueno, eso no es nada en comparación con lo que me pasó a mí…”; “Yo recuerdo cuando yo era…”

El discutidor: Esta persona sólo escucha el tiempo necesario para refutar lo dicho. Su objetivo es utilizar las
palabras de su interlocutor en su contra. En el peor de los casos, lo discute todo y desea demostrar
que el otro está equivocado. Como mínimo, intenta siempre que su interlocutor reconozca su punto
de vista.

El consejero: Ofrecer consejos es, en algunas ocasiones, positivo; sin embargo, en otras, este comportamiento interfiere con la capacidad de escucha, ya que no permite que la persona que está hablando exprese totalmente sus sentimientos o ideas; no contribuye a resolver los problemas, impide airearlos;
también puede ser humillante para la persona que habla, ya que resta importancia a su preocupación
al ofrecerle una solución rápida.

febrero 02, 2012

Escuchar atentamente a alguien

Escuchar atentamente a alguien es uno de los mejores modos que conozco de reconocer al otro y establecer un lazo profundo y duradero. Cuando escuchas a alguien —no solo con tu mente, sino con cada fibra de tu cuerpo— le estás enviando el siguiente mensaje: «Valoro lo que tienes que decirme. Soy lo bastante humilde para escuchar tus palabras». Pocos de nosotros somos realmente buenos a la hora de escuchar. A menudo, cuando me siento junto a alguien en un avión, antes de que comience un vuelo de seis horas, me encuentro con que esa persona sigue hablando cuando aterrizamos sin que me haya preguntado ni una sola vez cómo me llamo, de dónde soy, a qué me dedico o qué libros me gusta leer. Tal circunstancia me dice no sólo que esa persona carece de lo que se llama «agudeza sensorial» —la capacidad de prestar atención a los indicios que los rodean—, sino que probablemente no le escucharon mucho de niño. La idea de escuchar que tiene la mayoría de la gente consiste en esperar a que el otro haya acabado de hablar antes de responder. Y la triste realidad es que, mientras la otra persona habla, casi todos nosotros nos dedicamos a pensar nuestras respuestas.

Tu efectividad como hombre de negocios, como miembro de una familia o como ser humano se elevara a alturas insospechadas si consigues acertar en esto.
Escucha el doble de lo que hables. Conviértete en un oyente de primera. Muestra un apasionado interés por lo que los demás tienen que decir. Y entonces observa la respuesta de la gente. Te querrán. Y a toda velocidad.

Robin Sharma
del libro: "Éxito, una guía extraordinaria"