
El coraje eleva nuestro ánimo y nos carga de energía suplementaria cuando nos encontramos en dificultades.
**El coraje está asociado a nuestra capacidad para reaccionar con control en algunas situaciones en las que nos damos cuenta de que nuestra acción o nuestra comunicación habituales son insuficientes para lograr lo que deseamos.
**Ante condiciones adversas nuestro pensamiento reconoce factores o personas que nos someten a una presión superior, ante la cual nuestras respuestas normales no logran resultados satisfactorios. Sin ‘algo más que debemos añadir’ nos vemos vencidos y deseamos huir de la situación.
**Este ‘algo más que debemos añadir’ no necesariamente tiene que ser una acción visible. Puede concentrarse en soportar una situación en silencio, sin huir, y sin reaccionar agresivamente. El coraje no equivale exactamente a ‘sentir rabia’, aunque ambos sentimientos pueden llegar a mezclarse. El coraje, sin duda, es una emoción controlada.
**Para desarrollar el coraje es necesario borrar de la mente la idea de sentirnos vencidos por la situación. El coraje se asienta en la idea de ‘seguir luchando’, y ello quiere decir, ni más ni menos, que nuestra actitud interna debe modificarse, para así sacar de nuestra mente los pensamientos derrotados, y sustituirlos por pensamientos de resistencia.
**Recuerde que, en muchas situaciones, gana el que aguanta. Y es lógico que aguante más quien disponga de más coraje.
**Algunos mecanismos puramente físicos ayudan a generar coraje: apretar los dientes, guardar silencio sin perder los nervios, aguantar la respiración y luego respirar profundamente.
**Si se queda paralizado porque las personas con las que está le imponen miedo, imagíneselas en una situación ridícula (en ropa interior, por ejemplo; o trate de visualizar su caricatura exagerando mentalmente sus rasgos).
Federico Gan