agosto 27, 2009

Intuición


El conocimiento teórico tiene un límite; después de ese límite está la intuición, que no tiene un carácter sobrenatural, sino que consiste en la relación brusca que establecemos con otros mundos del saber, menos visibles, menos centrales. Intuir es recordar; la intuición no es sino una forma especializada del recuerdo.

Del libro “El enigma de Paris” de Pablo de Santis

agosto 26, 2009

agosto 24, 2009

Inteligencia Emocional en la Educación: La clave está en llegar a tiempo



Al tiempo que psicólogos y otros especialistas en el desarrollo trazan el mapa del crecimiento de las emociones, pueden marcar más específicamente cuáles son las lecciones que deberían recibir los niños en cada etapa del desenvolvimiento de su inteligencia emocional, que deficits serán los que perduren en aquellos que no han logrado el manejo de las aptitudes adecuadas, y qué experiencias correctivas se podrían realizar para compensar lo que falta.

En el programa de New Haven, por ejemplo, los niños de los grados inferiores reciben lecciones básicas de autoconocimiento, relaciones personales, y toma de decisiones. En primer grado, los niños se sientan en círculo y hacen girar el "cubo de los sentimientos", que tiene escritas palabras como triste o excitado en cada uno de sus lados. Por turno, describen un momento en el que han tenido ese sentimiento, un ejercicio que les otorga mayor seguridad para vincular sentimientos con palabras, y los ayuda a desarrollar la empatía cuando escuchan que otros tienen los mismos sentimientos que ellos.


Hacia cuarto o quinto grado, cuando las relaciones con sus pares cobran una enorme importancia en sus vidas, reciben lecciones que ayudan a que sus amistades funcionen mejor: empatía, control de, los impulsos y manejo del enfado. Por ejemplo, las clases de Habilidades para la Vida que estaban llevando a cabo los alumnos de quinto grado de la escuela Troup, que consisten en interpretar expresiones faciales, están basadas, esencialmente, en la empatía. Para el control de los impulsos hay un gran poster bien visible, con un semáforo, que tiene seis pasos:
Luz roja:

1. Detente, cálmate, y piensa antes de actuar.
Luz amarilla:
2. Cuenta el problema, y di cómo te sientes.
3. Proponte un objetivo positivo.
4. Piensa en una cantidad de soluciones.
5. Piensa en las consecuencias posteriores.
Luz verde:
6. Adelante, y pon en práctica el mejor plan.

La noción del semáforo es regularmente puesta en práctica cuando un niño, por ejemplo, está a punto de estallar de furia, o a ofenderse por una insignificancia, o a romper en llanto cuando se siente burlado, y ofrece un conjunto concreto de pasos para lidiar con estos pesados problemas de manera más mesurada. Más allá del manejo de los sentimientos, señala un camino para una acción más efectiva. Y al transformarse en la manera habitual de manejar los impulsos ingobernables —pensar antes de actuar—, puede llegar a ser una estrategia básica para enfrentar los riesgos de la adolescencia y los que existen más allá de ella.


En sexto grado, las lecciones se relacionan más directamente con las tentaciones y las presiones con respecto al sexo, el consumo de drogas o alcohol, que comienzan a aparecer en la vida del niño.


Hacia el noveno grado, cuando los adolescentes se enfrentan a realidades sociales más ambiguas, la habilidad para adoptar perspectivas múltiples —las propias, tanto como las de los otros involucrados—, se refuerza. "Si un chico se vuelve loco porque ve a su novia hablando con otro", dice una de las maestras de New Haven, "se lo alentará a tener en cuenta qué podría estar ocurriendo desde el punto de vista de ellos, antes que lanzarse a una confrontación."

Miedo, cobardía


¿EXISTE LA COBARDÍA?
La idea de la cobardía nace de un supuesto equivocado : que todos disponemos de los mismos recursos para enfrentar los peligros, y que algunos, a pesar de contar con ellos, no los enfrentan. A éstos se los llama cobardes.

Para poner un ejemplo: Tarzán -arquetipo del hombre valeroso- puede hacer frente a un león sin vacilar, sencillamente porque dispone de los instrumentos para hacerlo. El mismo Tarzán, ante dos o diez leones enfurecidos, inevitablemente sentirá miedo.
Puedo disponer de recursos de un valor mil, y si estoy rodeado continuamente por peligros de valor cinco mil, viviré continuamente con miedo. Por el contrario, puedo contar con recursos de un valor diez, y si estoy expuesto regularmente a peligros de un valor cinco, prácticamente no conoceré el miedo.

¿Dónde quedan la cobardía o la valentía ante lo anterior? se disuelven como conceptos pues cesan en su validez.

Lo que uno comienza a ver en cambio es, simplemente, personas que disponen, o no, de recursos para enfrentarse a la amenaza que se les presenta. También comprende que si quien se retiró desarrolla los recursos necesarios, inevitablemente se enfrentará a la amenaza de la cual se alejó. Y su opuesto: si quien se enfrentó a ella no hubiera tenido los recursos de que dispuso, habría sentido miedo y se habría retirado.

Es importante alcanzar esta comprensión porque quien es tachado de cobarde, sobre todo si se trata de un niño, queda injustamente estigmatizado, la valoración de sí mismo se ve seriamente dañada y se perturba en gran medida su forma de relacionarse consigo mismo y con los demás.

¡Yo no tengo miedo!
Puede ocurrir que uno, efectivamente, no sienta miedo porque no experimenta situaciones en las que existe una desproporción entre la amenaza y los recursos. Es una posibilidad absolutamente plausible. Pero también puede ocurrir que si por sentir miedo uno ha sido rechazado, descalificado, tildado de cobarde, etc..., poco a poco vaya anestesiando la percepción de su miedo. Ya no lo registra y frecuentemente desemboca en el : ‘¡No tengo miedo !’. Al no contar con esa señal, arremete contra el desafío que tiene delante sin reconocer qué recursos son necesarios para hacerlo. Quien así actúa es quien mejor conoce el resultado más frecuente : acabar estrellado contra los desafíos, con más heridas que logros.
Anestesiar el miedo es como cubrir la luz roja del tablero de mandos, para que no se vea...

El reconocer que uno cuenta con los recursos forma parte de los recursos necesarios.

AUTOCONCIENCIA


Existe una peculiar paradoja cuando se trata de conformar las distintas formas de no ver que utilizamos.


El espectro de lo que pensamos y hacemos
Está limitado por lo que no percibimos.
Y, dado que no percibimos
Lo que no percibimos,
Poco podemos hacer
Para cambiar
Hasta tanto percibamos
Cómo el no percibir
Modela nuestros pensamientos y nuestros actos


R. D. Laing

Más definiciones: LAS EMOCIONES

Aburrimiento
Es un estado de fastidio, intranquilidad, desasosiego por carecer de un deseo viable en un momento determinado. Enmascara la angustia por estar frente al vacío producido por la ausencia de un proyecto o meta.
Afecto, cariño, amor
La situación incluye un objeto (persona, animal, etc.) con el que se mantiene un vínculo trascendente.
Angustia
Sensación de desasosiego, opresión, ante la posibilidad de que se modifique el mundo que has construido con base en el Argumento de Vida. Miedo al cambio. Sensación de temor ante la emergencia de contenidos psíquicos inconscientes considerados peligrosos para la imagen idealizada.
Ansiedad
Estado de inquietud generalizado acompañado de transpiración, sequedad de boca, taquicardia, hiperventilación. Aparece durante los momentos de expectación.
Cargo de conciencia
Igual que el remordimiento pero el otro no sabe que ha sido lastimado. Por ejemplo, tiene cargo de conciencia el adolescente que le roba plata a los padres o ese esposo que tuvo relaciones con otra mujer amando a la suya. Para calmar ese estado es necesaria la confesión.
Celos
Angustia y rabia ante el riesgo de que el ser que “amo” me compare con un otro y en la comparación yo pierda, lo cual nos habla de un profundo sentimiento de inferioridad.
Confusión
Sensación de inestabilidad, sorpresa, desorientación, que aparece cuando la significación de lo que se dice, por ejemplo, en terapia desafía las verdades absolutas de los mandatos argumentales. Ej. la significación del mandato "No sirves para nada" es contradicha por el mensaje "Te felicito. Has hecho un buen trabajo" expresado por un profesor en una materia.
Depresión o falsa tristeza
También ha sido lastimada la imagen idealizada pero la conducta es de autocastigo. "¡Cómo me hace esto a mí!". Puede encubrir una profunda rabia como la que siente la viuda ante el ataúd del marido.
Envidia
Es una comparación que yo mismo establezco con un otro en función de que posee algo que yo no poseo y que resulta relevante para satisfacer la ilusión de completud. La envidia es, también, potencialidad proyectada. Esto significa que la persona que envidia tiene la posibilidad de hacer o tener lo del otro pero que es frenada por su Argumento de Vida.
Falsa alegría, falso placer
Es lo que siente una persona cuyas acciones responden a lo que se espera de ella en función de su Argumento de Vida. Una satisfacción neurótica por el deber cumplido. Este falso placer es para el Argumento de Vida lo que la alegría es para el Plan de Vida Adulto.
Falso afecto
La situación incluye una persona hacia la que se manifiesta una expresión de afecto que en la realidad no se siente pero que se debe hacer por razones de convivencia.
Gratitud
Es una sensación de bienestar producida por la acción de un otro hacia mí y por la que no espera nada a cambio.
Miedo
Algo o alguien amenaza mi integridad física, psíquica, mis valores o la de mis seres queridos, en el aquí y ahora: siento pasos detrás mío.
Placer, alegría, bienestar
La situación permite el logro de un objetivo o el objetivo ya se logró.
Rabia o ira
Un elemento frustra las expectativas que se tenían para alcanzar un logro.
Remordimiento o culpa auténtica
Es un sentimiento de pena por haber lastimado a otro realmente. Esto lleva a la necesidad de pedir disculpas.
Resentimiento, rencor
Rabia que se prolonga en el tiempo producida por lo que se considera una afrenta contra la imagen idealizada, la cual es sentida como profundamente lastimada. La conducta es generalmente, vengativa, en la realidad o en lo imaginario.
Tristeza
La situación incluye una ausencia, temporaria o definitiva, altamente significativa.
Vergüenza
Miedo a que los demás se den cuenta de cómo soy realmente. Miedo a la crítica por lo que ésta significa en cuanto herida en el orgullo por cuanto no se puede sostener, en esa circunstancia, la imagen idealizada de uno mismo.

agosto 04, 2009

Contagio emocional


Los psicólogos Elaine Hatfield y John Cacioppo, junto con el historiador Richard Rapson, dieron un paso más. En su obra de 1994 Emotional Contagion afirman que el mimetismo sirve también para contagiar emociones.
Si sonrío y otra persona me ve y me devuelve la sonrisa (aunque sea una minisonrisa que no dure más que unas milésimas de segundo) no será solo que esa persona me ha imitado o ha empatizado conmigo; puede ser también que yo le haya transmitido mi alegría.

La emoción se contagia. En cierto modo, se trata de un descubrimiento más o menos intuido. Todos hemos sentido alguna vez cómo nos animamos solo de estar junto a alguien que se encuentra de muy buen humor. Sin embargo, si se piensa con detenimiento se verá que es una idea bastante elaborada. Por ejemplo, solemos creer que la expresión del rostro refleja el estado de ánimo, O sea, si me siento feliz, sonrío, y si me siento triste, pongo cara de compungido. Creemos que la emoción es algo que va de dentro a fuera. Pues bien, el contagio emocional viene a decir que lo contrario también es cierto, que si yo consigo que la otra persona sonría, quiere decir que puedo hacer que se sienta alegre. Y si logro que el otro ponga cara de pena, conseguiré que se sienta triste. En este sentido, la emoción viaja de fuera a dentro.

Si pensamos en las emociones de esta manera (como una reacción de fuera hacia dentro, en vez de dentro a fuera) podremos comprender cómo ciertas personas ejercen una gran influencia en los demás. En definitiva, si algunos son capaces de expresar muy bien emociones y sentimientos es porque son mucho más contagiosos emocionalmente. Los psicólogos llaman a estas personas «emisores». Los emisores poseen una personalidad especial. También poseen una psicología diferente. Por ejemplo, los científicos que han estudiado los rostros dicen que existen enormes diferencias en la localización de los músculos faciales, en su forma y, curiosamente, en su prevalencia. Cacioppo explica: «Es una característica conocida en el ámbito de la medicina. Unas personas son emisoras, o muy expresivas, y otras son especialmente susceptibles. El contagio emocional no es ninguna enfermedad, pero viene a funcionar como si lo fuera».

Howard Friedman, psicólogo de la Universidad de California, en Riverside, ha desarrollado lo que él denomina el test de comunicación afectiva. Lo usa para medir esta capacidad de emitir emociones y contagiarlas a los demás. Consiste en un cuestionario con trece preguntas, como si uno es capaz de estarse quieto mientras escucha buena música de baile, o cuán fuerte es su carcajada, o si toca a sus amigos mientras charla con ellos, o qué tal se le da enviar miradas seductoras, o si le gusta ser el centro de atención. La puntuación más alta del test es de 117 puntos, siendo la media, según Friedman, de unos 71 puntos.

¿Qué significa obtener una puntuación elevada? Para dar respuesta a esta cuestión, Friedman llevó a cabo un experimento fascinante. Seleccionó a una docena de personas que habían obtenido puntuaciones muy altas en el test (más de 90 puntos) y luego a otra docena que había puntuado muy bajo (menos de 60 puntos), y les pidió a todos que rellenaran un cuestionario en que se medía cómo se sentían «en ese momento».

A continuación metió en habitaciones separadas parejas formadas por una persona que hubiera obtenido una puntuación elevada y una que hubiera obtenido puntuación baja. Les pidió que se sentaran un par de minutos. Podían mirarse pero no hablar. Pasados esos dos minutos, les pidió de nuevo que rellenaran un cuestionario muy detallado sobre cómo se sentían. Friedman descubrió que en sólo dos minutos, y sin haber cruzado palabra, los que habían tenido puntuaciones bajas habían terminado contagiados por el humor de los de máxima puntuación. Si alguien con carisma personal partía de un estado depresivo y la persona poco expresiva comenzaba muy contenta, pasados los dos minutos la persona poco expresiva acababa deprimida también. Nunca era al contrario. Es decir, solo los carismáticos eran capaces de contagiar sus emociones al compañero.