marzo 20, 2009

EL SISTEMA INMUNOLÓGICO Y LAS EMOCIONES


Inteligencia Emocional en la Salud
Cuando los psiconeurólogos quisieron probar sus tesis con personas antes que con roedores, se centraron en individuos que habían soportado acontecimientos intensamente angustiosos, tales como astronautas al acabar su misión, sobrevivientes a un experimento de insomnio y ruido durante setenta y siete horas, y hombres y mujeres que habían enviudado recientemente. Como se esperaba, todos esos grupos evidenciaron una función inmunológica deprimida como resultado de lo que habían vivido.

Numerosos estudios, desde entonces, han mostrado repetidamente que el poder de lucha del sistema inmunológico, medido directamente por criterios como la presencia de anticuerpos en la saliva, e indirectamente por la evidencia de infecciones, está claramente relacionado con las reacciones a los acontecimientos de la vida diaria. Aquí van algunos ejemplos de las muchas interrelaciones descubiertas:
A las personas que han perdido confianza en sí mismas y acusan una falta de control, se les han medido menores índices de producción de las células que atacan a los microbios invasores.
Las personas que se sienten felices tienen en su saliva factores inmunizadores más fuertes que quienes se sienten infelices.

Justo antes de los exámenes, los estudiantes sufren ataques de anginas y faringitis, porque las bacterias pueden derrotar a las agotadas células que han de luchar contra la infección.
Las personas que lloran por la pérdida de un ser querido también ven afectado su sistema inmunológico.
Los estudiantes que no pueden hacer frente a las situaciones adversas tienen muchas menos células defensoras que aquellos que sí pueden.
Los trabajadores que creen que no tienen control sobre el ritmo y las condiciones de su trabajo tienen un mayor nivel de hormonas de estrés y una disminución de la efectividad de su sistema inmunológico.

La evidencia es clara: cuando eres infeliz, o te sientes sitiado, o preocupado por lo que pueda ocurrir en el trabajo, estás minando la capacidad de lucha de tu sistema inmunológico.


Lo que también deja claro la investigación, sin embargo, es que tienes diversas opciones para responder a los factores estresantes. Puedes volverte hacia ti mismo. Puedes quejarte a tus jefes y a otros a quienes hagas responsables de lo que ocurre en el trabajo. O puedes buscar estrategias para encontrar las posibles oportunidades que se presenten, por qué no, en los problemas a los que te enfrentas. Este último método es el que con mayor propiedad puede mantener tu sistema inmunológico en perfecto funcionamiento.